Señales que se leen, no gestos sueltos
El monitoreo compara la huella de comportamiento de quien abrió la sesión con la actividad que sigue: cadencia al escribir, presión sobre la pantalla, velocidad de desplazamiento y pausas de lectura. Ninguna de esas señales por separado alcanza para cerrar una sesión. Se combinan varias desviaciones sostenidas en el tiempo, y ese conjunto es el que habilita una alerta. Un gesto aislado, un estornudo o un cambio de postura no cuentan como evidencia.